Yo ... y la violencia doméstica | |
De: Francisco Escudero
Fecha: Diciembre 1998
PARVA DOMUS MAGNA QUIES
"La casa es pequeña pero la tranquilidad grande"
(Inscripción a la entrada de algunas casas romanas)
Afirmaba Graham Greene, en una de sus famosas obras que "las personas reales están repletas de seres imaginarios", queriendo significar la contradicción y el conflicto existencial que de por sí, convive dentro del cosmos personal de cada uno de nosotros. Por ello, decir que el ser humano es a la vez una mezcla de fuerza y de debilidad, de luz y de guerra, de pequeñez y de grandeza, no es hacer su proceso: es definirlo. Y es que dentro de cada uno de nosotros, habita nuestro "yo" y sus "circunstancias" que determinan la configuración de un mundo sentimental mucho más complejo de descifrar que la cadena del ácido desoxidoribonucléico.
La situación se complica, si a este propio conflicto existencial individual, se añade el conflicto plural en que nos sumerge la sociedad actual de consumo, en la que el éxito, el triunfo, el poder, la posesión material de más y más bienes, obliga al ser humano social a vivir en un constante desasosiego y a invertir gran parte de su tiempo en actividades desubicadas fuera de la propia relación familiar (jornadas excesivamente largas, pluriempleos, desplazamientos, en sentido contrario parados, etc.)
En este extremo, es preciso darle la razón a Rousseau, cuando afirmaba que el hombre es bueno, pero los hombres son malos. La civilización no suprime la barbarie; la perfecciona (Voltaire). Los medios de comunicación, la televisión, el mercado, configuran un mundo violento. La violencia no es fuerza, es el abuso de la fuerza. El cine ha reducido el concepto de héroe a violencia. También, recientemente ha saltado a la prensa, la noticia de que se había retirado del mercado un videojuego que consistía en ir circulando virtualmente con un vehículo y para puntuar se debía atropellar al mayor número de personas: hombres y mujeres, niños, ancianos, y mujeres embarazadas. Así por cada atropello, te concedían una serie de puntos en función de la indefensión del sujeto atropellado: se puntuaba más el atropello de una embarazada, un niño o un anciano que el de un hombre o mujer normales. Pero sorpréndanse ustedes, cuando se retiró del mercado, ya se habían vendido más de quinientas mil unidades. En este sentido, hablar de la existencia de una extendida "cultura de la violencia", es un hecho más que palpable, que subliminalmente "internaliza", dentro de cada uno de nosotros la agresividad, la intemperancia, el fanatismo y la liviandad de valores y bienes.
Y si en este caldo de cultivo social violento se ha de desarrollar el individuo, que además ha de cargar con su propio conflicto existencial, no es de extrañar que dichos problemas, se proyecten sobre aquellos que nos rodean. En este sentido, las uniones sentimentales, la familia, el hogar como refugio, como unidad mínima de intimidad se ve imbricado en la problemática de la violencia, y es fiel reflejo de la problemática existencial de los miembros que componen dicha unidad. Así, casos de personalidades mal construidas, insatisfechas, reprimidas, repletas de frustraciones, con un bajo concepto de sí mismas, tienden a proyectar estas frustraciones sobre el hogar y ejercer sobre sus miembros el poder que no pueden hacer valer en otras situaciones. Decía Unamuno "amaras a tu prójimo como a ti mismo", pero a mí mismo... ¿cómo me amaré?". Por ello, no es de extrañar que el primer indicio de la felicidad doméstica pueda ser el amor al hogar.
Y si a todo ello, adicionamos, factores como el amor, el alcoholismo, la dependencia económica, las creencias culturales, religiosas y educacionales, el desempleo, la propia vida, etc., nos daremos cuenta que la violencia ejercida en el hogar es un fenómeno "fragmentario", que puede obedecer a numerosas causas, pero que tiene un componente personal plural que dificulta determinar en cada caso concreto, la existencia de dicha violencia. Afirmar que darle una torta a un hijo es violencia doméstica es ir más allá... A mí, de niño mi padre alguna vez me pegó una bofetada y nunca pensé que no me quisiera, o que fuera violento. No olvidemos, que en este mundo, las cosas no son buenas ni malas, sino que las hacemos malas o buenas nosotros mismos. Por lo tanto, cada uno de nosotros, si sabemos cuando en nuestro hogar se manifiesta la violencia, el problema es establecer los criterios para determinar cuando en cada caso concreto, existe dicha violencia según terceros (jueces, psicólogos, etc.)
El universo sentimental, es tan confuso, que para terceros determinar cuando existe violencia en un hogar puede llegar a ser tan complicado, como querer coger a puñados un espejismo. Por lo tanto, nos encontramos ante un complejo problema que requiere aunar esfuerzos por parte de todas las instituciones (culturales, judiciales, administrativas, policiales, medicas, etc.), para paliar en la medida de lo posible sus efectos. Decía un amigo mío, que el éxito del matrimonio es más que hallar la persona idónea, ser la persona idónea, algo similar ocurre con la violencia, su germen en gran parte está dentro de nosotros, pero en gran parte está fuera: la violencia también se aprende.
En cualquier caso, como diría Moliere, "nunca, nunca se entra por la violencia en un corazón"
Francisco Escudero es Doctor en Derecho
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