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El concepto de habitualidad en el delito de violencia doméstica. Interpretación doctrinal y jurisprudencial

De: Jesús Morant Vidal
Fecha: Septiembre 2002
Origen: Noticias Jurídicas

El artículo 153 del Código Penal regula el delito de violencia habitual en el ámbito familiar, castigando al que habitualmente ejerza violencia física o psíquica sobre quien sea o haya sido su cónyuge o sobre persona que esté o haya estado ligada a él de forma estable por análoga relación de afectividad, o sobre los hijos propios o del cónyuge o conviviente, pupilos, ascendientes o incapaces que con él convivan o que se hallen sujetos a la potestad, tutela, curatela, acogimiento o guarda de hecho de uno u otro.

Se trata de un tipo penal no muy común, que castiga el ejercicio de la violencia sobre determinadas personas con las que existe una relación familiar o de convivencia, no precisando para su consumación de un resultado lesivo concreto, bastando con el ejercicio habitual de la violencia.

Sin duda alguna, es éste uno de los delitos con mayor repercusión social que, sin embargo, encierra en sí mismo un concepto ambiguo y en plena evolución, no se sabe si ya detenida, sobre la habitualidad, que funciona como requisito del tipo. Tanto el Código Penal de 1973 como el de 1995 la exigen, al castigar exclusivamente al que habitualmente ejerza violencia sobre determinados sujetos.

Y dado que la habitualidad es un requisito esencial del delito tipificado en el artículo 153 del Código Penal, encontramos en el párrafo segundo de este precepto una primera aproximación al contenido del concepto habitualidad. Dice así el citado párrafo segundo: "Para apreciar la habitualidad a que se refiere el párrafo anterior, se atenderá al número de actos de violencia que resulten acreditados, así como a la proximidad temporal de los mismos, con independencia de que dicha violencia se haya ejercido sobre la misma o diferentes víctimas de las comprendidas en este artículo, y de que los actos violentos hayan sido o no objeto de enjuiciamiento en procesos anteriores".

Interpretación doctrinal

Según GARCÍA VARELA, la habitualidad es un concepto fáctico que no coincide ni con el contenido del artículo 94 C.P. ni, desde luego, con la reincidencia. Como escribió RUIZ VADILLO, la habitualidad ha de ser entendida como concepto criminológico-social, no como concepto jurídico-formal.

DEL MORAL GARCÍA destaca tres aspectos que perfilan el concepto de habitualidad:

  1. Un factor insoslayable es el número de actos de violencia que son exigibles para que se hable de habitualidad. Serán necesarios, ineludiblemente, más de dos; porque lo que se castiga en este delito es la creación de un clima de violencia permanente o sostenida. Por eso, si en mismo día hay tres actos de violencia física espaciados en diversos momentos, pero no se vuelve a repetir esa situación, no puede hablarse de habitualidad, aunque hayan existido tres actos. Con todo, hay que advertir que la cuantificación numérica es importante pero no suficiente, y el problema interpretativo no se soluciona fijando una cifra. Hay que atender a la situación, al contexto, a la persistencia del clima enrarecido de convivencia generado por esos episodios de violencia reiterados que, aunque sean espaciados, están presentes de forma latente en todo momento. Asimismo, se debe recordar que para la cuantificación hay que sumar tanto los actos de violencia física como aquellos que supongan violencia física, si bien, cuando se trate de violencias de carácter exclusivamente psíquico debe exigirse mayor reiteración que si se trata de violencias físicas.

  2. Es igualmente necesaria la apreciación de un elemento cronológico, es decir, que se dé una cierta cercanía temporal entre los distintos episodios de violencia, pues el transcurso de largas temporadas de convivencia en el respeto mutuo hace desaparecer la habitualidad.

  3. Finalmente, el precepto aclara que la habitualidad puede construirse con actos de violencia ejercidos sobre distintos sujetos pasivos, si bien, esta mención legal ha de ser puntualizada en el sentido de que ha de tratarse de violencias generadas dentro de un mismo marco de convivencia; de modo que no será habitualidad si se repiten actos de violencia con el cónyuge y con el ex -cónyuge. En esta hipótesis, cada entorno familiar dará lugar a una infracción del artículo 153. En cambio, si se está ejerciendo la violencia de forma reiterada sobre varios hijos y el cónyuge habrá un único delito del artículo 153 C.P.

Interpretación jurisprudencial

La jurisprudencia más reciente del Tribunal Supremo en esta materia ha creado un cuerpo de doctrina apreciable. De entre los pronunciamientos más significativos de nuestro Alto Tribunal podemos destacar, por su claridad respecto al requisito de la habitualidad en el delito de violencia doméstica, los siguientes:

En la Sentencia de 24 de junio de 2000, el Tribunal Supremo declara lo siguiente: "Desde este enfoque constitucional, único que resulta adecuado dada la naturaleza del tipo penal, debemos analizar la impugnación del recurrente. Este, como ya hemos dicho y ahora se reitera, se limita a afirmar que los dos únicos actos de violencia datados en el factum lo son a mediados de 1997 cuando le dio varios puñetazos a Adela, y el 15 de octubre de 1997, cuando le dio un puñetazo en el ojo a Tania causándole un gran hematoma y tirándola al suelo, respecto de ambas agresiones que no se niegan, se dice que se trataría de dos faltas que ya estarían prescritas y que además no fueron denunciadas.

El motivo debe ser desestimado.

Lo relevante es constatar si en el factum se describe una conducta atribuida al recurrente que atente contra la paz familiar y se demuestre en agresiones que dibujen ese ambiente de dominación y temor sufrido por los miembros de la familia, abstracción hecha de que las agresiones hayan sido o no denunciadas o enjuiciadas y que permitan la obtención de la habitualidad que junto con el ataque a la paz familiar constituyen las dos coordenadas sobre las que se vertebra el tipo penal".

La Sentencia del Tribunal Supremo de 7 de julio de 2000, es fundamental en el estudio de la materia que nos ocupa. En esta Sentencia se establece que "La habitualidad que necesariamente debe darse en el ejercicio de la violencia física dentro del ámbito de las relaciones familiares para integrar el delito autónomo del artículo 153 C.P. es una exigencia típica un tanto imprecisa que ha originado distintas corrientes interpretativas. la más habitual entiende que tales exigencias se satisfacen a partir de la tercera acción violenta; criterio que no tiene más apoyo que la aplicación analógica del concepto de habitualidad que el artículo 94 C.P. establece a los efectos de la suspensión y sustitución de penas. Otra línea interpretativa, prescindiendo del automatismo numérico anterior, ha entendido, con mayor acierto, que lo relevante para apreciar la habitualidad, más que la pluralidad en sí misma, es la repetición o frecuencia que suponga una permanencia en el trato violento, siendo lo importante que el Tribunal llegue a la convicción de que la víctima vive en un estado permanente de agresión. En esta permanencia radica el mayor desvalor que justifica una tipificación autónoma por la presencia de una gravedad mayor que la que resultaría de la mera agregación de las desvaloraciones propias de cada acción individual.

En este caso, la sola lectura del relato histórico de la Sentencia, pone de relieve que no estamos ante dos individuales acciones de agresión o violencia física surgidas aisladamente a lo largo del tiempo, sino ante dos agresiones que se manifiestan como la exteriorización singularizada de un estado de violencia permanente ejercida por el acusado sobre su pareja, que permite su consideración como habitual".

Finalmente, destacaremos la Sentencia del Tribunal Supremo de 7 de septiembre de 2000 en la que se declaraba que "La reiteración de conductas de violencia física y psíquica por parte de un miembro de la familia, unido por los vínculos que se describen en el precepto, o que mantenga análogas relaciones estables de afectividad, constituyen esta figura delictiva aun cuando aisladamente consideradas serían constitutivas de falta, en cuanto vienen a crear, por su repetición, una atmósfera irrespirable o un clima de sistemático maltrato, no sólo por lo que comporta de ataque a la incolumnidad física o psíquica de las víctimas, sino, esencialmente, por lo que implica la vulneración de los deberes especiales de respeto entre las personas unidas por tales vínculos y por la nefasta incidencia en el desarrollo de los menores que están formándose y creciendo en ese ambiente familiar".

De lo expuesto, se colige que el concepto de habitualidad exigido como requisito esencial de este delito, ha sido perfilado de manera reiterada por la jurisprudencia de nuestro Tribunal Supremo, constituyendo ya un concepto pacífica de contenido específico para este tipo delictivo.

Jesús Morant Vidal.
Juez sustituto y Profesor asociado del I.V.A.S.P.



Bibliografía

  • A.A.V.V.: ¿Qué debe hacer una mujer maltratada ante una agresión?, Generalitat Valenciana y Bancaja, 2002.

  • Acale Sánchez, M.: El delito de malos tratos físicos y psíquicos en el ámbito familiar. Tirant lo Blanch, 2000.

  • Almela Vich, C.: Tipos penales de singular relevancia para la protección de mujeres, menores y ancianos. Penas y aspectos procesales. En unas jornadas celebradas en Valencia sobre "Las víctimas especialmente vulnerables: mujeres, menores y ancianos", 18 y 19 de mayo de 2000.

  • Cortés Bechiarelli, E.: El delito de malos tratos familiares. Marcial Pons, 2000.

  • Del Moral García, A.: El delito de violencia habitual en el ámbito familiar. En la obra colectiva "Delitos contra las personas", C.G.P.J., 1999.

  • Giménez García, J.: La habitualidad en el maltrato físico y psíquico. Evolución legislativa y jurisprudencial del art. 153 del Código Penal. En la obra colectiva "La violencia en el ámbito familiar. Aspectos sociológicos y jurídicos", C.G.P.J., 2001.

  • Martín Castaños, L. F.: La habitualidad del artículo 153 del Código Penal. Noticias Jurídicas, Diciembre de 2000.

  • Iribarren Oscáriz, J.: La habitualidad en el delito de malos tratos habituales. Diario Jurídico Aranzadi, 26 de junio de 2002.

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