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23/12/2025 11:41:57 REDACCIÓN BALANCE 2025 7 minutos

2026 no empieza en enero: empieza en lo que la empresa decide no cerrar en diciembre

El cierre del ejercicio como momento clave para la gestión preventiva del conflicto interno

Juan Medina López

Graduado Social - Mediación empresarial. Socio de la Asociación Nacional de Laboralista ASNALA

Diciembre es el mes del cierre contable y del balance jurídico. Pero muchas empresas cierran cifras con precisión y dejan sin gobernanza el activo más frágil del primer trimestre: la confianza interna. En otros países se han normalizado prácticas —no siempre legales, a menudo de gestión— que ordenan el conflicto antes de que se convierta en expediente, baja, salida o pleito. Esta tribuna propone una lectura comparada y un enfoque práctico para empezar 2026 sin arrastrar lo que en diciembre se decidió no nombrar.

SUMARIO

El conflicto como riesgo de negocio (y no como anécdota).

Lo que el calendario no resuelve: cómo madura el conflicto aplazado.

Mirada comparada: prácticas reales que aquí no hemos sistematizado.

Traducir la comparación a empresa española: un cierre distinto para un comienzo distinto.

Un cierre sobrio (y una pregunta que conviene hacerse).

El conflicto como riesgo de negocio (y no como anécdota)

Hay una escena recurrente: se cierran presupuestos, se revisan contratos, se depuran contingencias y se ajusta el año en el último minuto; sin embargo, se deja abierto —sin nombre, sin plan y sin responsable— aquello que más fácilmente desordena el primer trimestre: el conflicto latente

No hablo del litigio en marcha ni del conflicto “de portada”. Hablo de lo que se nota y se evita: la conversación pospuesta “porque ahora no toca”; la fricción entre áreas que ya condiciona decisiones; el mando intermedio al que nadie corrige por cansancio; la discrepancia societaria que se transforma en silencio operativo.

El error de base es conceptual: tratar el conflicto como un asunto humano y, por tanto, “difuso”. En realidad, en una organización el conflicto es un riesgo de continuidad: consume tiempo directivo, erosiona la reputación, deteriora la capacidad de mando y —cuando finalmente se formaliza— encarece cualquier salida.

Lo que el calendario no resuelve: cómo madura el conflicto aplazado

Posponer en diciembre suele parecer prudente. En ocasiones lo es. Pero la experiencia práctica muestra que el conflicto aplazado rara vez se queda igual. El cambio de año actúa como acelerador silencioso: baja el ruido operativo y sube el recuento mental de lo pendiente.

Es entonces cuando lo informal se endurece: una petición deja de llegar como conversación y empieza a llegar como escrito; una discrepancia deja de buscar solución y empieza a “dejar constancia”; una tensión interna busca aliados. El primer trimestre no inventa el conflicto: lo convierte en expediente.

Y cuando la cuestión entra en fase jurídica, el daño principal ya suele estar hecho. El procedimiento se mide en pretensiones, prueba y fallo. La empresa, en cambio, lo mide en clima interno, rotación, bajas, productividad y marca empleadora. El juicio termina un día; la erosión interna suele durar bastante más.

Mirada comparada: prácticas reales que aquí no hemos sistematizado

Mirar fuera no es idealizar. Es rescatar mecanismos que reducen escaladas y ordenan lo incómodo antes de que sea irreversible. A continuación, cuatro prácticas reales —algunas institucionales, otras de cultura empresarial— que merecen ser traducidas al contexto español.

Reino Unido: el “paso cero” de Acas (early conciliation)

En el Reino Unido, quien pretende presentar una reclamación ante Employment Tribunal debe notificar previamente a Acas, que ofrece un proceso de conciliación temprana (early conciliation) y emite el certificado necesario para acudir al tribunal. El sistema existe desde 2014 y se ha convertido en una puerta de entrada habitual a la litigiosidad laboral.

La lección aplicable a empresa española no es copiar la arquitectura legal, sino institucionalizar un paso interno previo, con reglas mínimas: quién escucha, qué se recoge (hechos y necesidades, no reproches), plazos cortos y salida clara (acuerdo, o escalado ordenado). La idea es evitar que el primer documento serio sea ya defensivo.

Suecia: gestión sistemática del entorno de trabajo (SAM/SWEM)

Suecia ha desarrollado desde hace décadas una cultura de prevención que integra la gestión del entorno de trabajo en la gestión ordinaria. El enfoque de systematic work environment management (SAM/SWEM) se basa en un ciclo continuo: investigar condiciones, evaluar riesgos, asignar responsables, actuar y hacer seguimiento.

Aquí la traducción práctica para el cierre de año es obvia: revisar tensiones operativas y psicosociales —carga, coordinación, estilos de mando, fricciones entre áreas— antes de que enero las convierta en bajas o en salidas. No es una auditoría; es prevención aplicada.

Dinamarca: comités de cooperación y consulta estructurada

En Dinamarca, los comités de cooperación (joint consultation committees/samarbejdsudvalg) forman parte de una tradición de diálogo estructurado en el centro de trabajo. Existen acuerdos y guías que prevén debates sobre reorganizaciones, clima y entorno psicológico, y la elaboración de planes de proceso y comunicación.

Más allá del marco danés, el aprendizaje exportable es sencillo: cuando una empresa prevé cambios sensibles en enero (objetivos, incentivos, turnos, reorganización), un espacio de consulta con guion y acta breve reduce el riesgo de conflicto duro. No es cesión. Es gobernanza del cambio.

Canadá: mecanismos informales (ICMS) y Ombuds como canal confidencial y temprano

En el sector público canadiense se han extendido servicios de gestión informal de conflictos (ICMS) descritos como gratuitos, confidenciales y voluntarios. Además, distintos organismos cuentan con figuras de Ombuds concebidas como mecanismos informales y de resolución temprana para cuestiones laborales.

La idea trasladable para España no es “crear una oficina”, sino habilitar un canal neutral con credibilidad: alguien (interno con garantías o externo) que escuche sin agenda, ordene el problema y active conversaciones difíciles antes de que la empresa quede atrapada entre dos opciones pobres: ignorar o formalizar.

Nueva Zelanda: mediación pública y recomendación institucional de acudir a mediación

Nueva Zelanda ofrece un ejemplo interesante por su normalización práctica: el Ministerio competente (MBIE) presta un servicio de mediación laboral y, en el itinerario institucional, se recomienda acudir a mediación antes de trasladar la cuestión a la autoridad correspondiente (ERA), que a menudo remite a mediación como primer paso.

La traducción empresarial vuelve a ser clara: disponer de una vía temprana, con intervención neutral, reduce el coste de la escalada. Y, sobre todo, deja rastro ordenado de decisiones y conversaciones.

Traducir la comparación a empresa española: un cierre distinto para un comienzo distinto

De la comparación no sale un “programa”. Sale una advertencia clara: el conflicto se gobierna o se hereda. Y diciembre es el mes en el que más se hereda, porque el cansancio invita a aplazar lo incómodo.

Sin burocracia añadida, hay tres decisiones que elevan el estándar de gobernanza:

- Nombrar: identificar qué tensiones existen, sin dramatismo y sin culpabilizar.

- Acotar: delimitar dónde están, a quién afectan y qué impacto operativo tienen.

- Conducir: asignar cauce (y responsable) para gestionarlas en enero con un calendario breve.

A esto se le puede añadir una técnica de planificación que ayuda a hablar de lo incómodo sin personalizarlo: el premortem descrito por Gary Klein. Antes de iniciar el año, el equipo asume que el plan “ha fracasado” y enumera causas plausibles.

Un premortem de 30 minutos sobre el primer trimestre (“imaginemos que este conflicto estalla en febrero: ¿qué lo provocó?”) suele revelar dos cosas: lo que ya se sabía y lo que no se quiso escuchar.

Un cierre sobrio (y una pregunta que conviene hacerse)

Cerrar un conflicto no siempre significa resolverlo. A veces, cerrar significa ordenar: reconocer, delimitar y decidir. El error típico de diciembre es dejarlo en el aire, como si el calendario fuera una solución.

¿Qué conflicto sabemos que existe y qué precio real pagaremos —en clima, reputación y tiempo directivo— si lo dejamos entrar vivo en enero?

Porque el año nuevo no empieza cuando cambia el calendario. Empieza cuando la empresa decide qué asuntos conduce… y cuáles deja que el tiempo convierta en pleito.
 

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